Los afortunados viajeros que
pueden recorrer Europa de cabo a rabo seguramente pasarán
algunas jornadas en la bella y melancólica Lisboa. La ciudad portuguesa exhibe
un gran número de encantos que, tal como afirmamos en una primera entrega,
suelen aparecer en ocasiones casi sin proponérselo aunque siempre es bueno
contar con el asesoramiento de quienes han descubierto sus secretos más allá
del clásico recorrido de las guías turísticas.
La ciudad que contó Pessoa
exhibe un encantador rostro si se anda desde el elevador de Bica y de allí a la
Plaza de los Camoes. En ella, muchos de los que se han decidido a recorrer Europa y llegar a Portugal podrán visitar el
café A Brasileira, que contó en sus textos el célebre escritor de aquel país
del viejo continente.
Más allá, en la transitada
calle Garret, surgen del asfalto el Teatro Nacional de San Carlos. Si el
turista que ha llegado a Europa con el necesario servicio deayuda al viajero se dispone a subir en el elevador de
Santa Justa, podrá ir desde el Largo do Carmo hasta el bello mirado de San
Pedro de Alcántara, otro de los parajes que abren paso a una mirada cautivante
de la bonita Lisboa.
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