Es cierto que la contratación de un plan de asistencia al viajero no siempre es un
requisito. Sí lo es en determinados destinos, como en la mayoría de los países
de Europa, o en Cuba. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la decisión de
contratar un plan de ayuda al viajero
no debería regirse por la obligatoriedad.
Tal como se indica en el titular de este repaso, las
enfermedades no se toman vacaciones. Con esto decimos que si bien cuando se
planifica un viaje de placer nadie quiere pensar en enfermedades, la
experiencia demuestra que sí es necesario hacerlo. Y el mejor modo es viajar es
con la tranquilidad que ofrece un plan de asistencia
al viajero, que sale al auxilio en caso de sufrir alguna enfermedad en
medio de un viaje.
SI bien es más o menos sabido cuán costoso es atenderse en
un hospital o clínica en el extranjero, muchas personas aún se aventuran a
salir del país sin un plan de ayuda al
viajero. Desde aquí decimos que contratar una cobertura nunca es un gasto,
sino una inversión, un ítem más en la planificación de un viaje. Por lo demás,
estos planes exceden el ámbito de la salud, ofreciendo al viajero asistencia
legal en caso de ser necesaria, ayuda ante la eventual pérdida de equipaje o
demoras en los vuelos, etcétera. Por eso lo reiteramos: las eventualidades no
se toman vacaciones.
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